Cada pocos meses el ciclo se repite: una filtración, un tuit críptico de alguien de OpenAI, y medio internet decidiendo que la AGI llega el trimestre que viene. Con GPT-5 el patrón está en su punto máximo. Vamos a intentar mirar los datos, no los deseos.
Lo que es oficial
Poco. OpenAI ha confirmado que “un modelo de próxima generación” está en entrenamiento y que llegará “cuando esté listo”. Sam Altman ha insistido en que el salto de capacidad será notable, pero también ha bajado expectativas diciendo que no todo el progreso se sentirá como un salto discreto.
Eso es literalmente todo lo confirmado. El resto es interpretación.
Lo que se rumorea
- Contexto mucho más largo, del orden de millones de tokens de forma nativa y usable, no solo en el papel.
- Razonamiento integrado por defecto, sin necesidad de un modo separado como o3. El modelo decidiría cuánto “pensar” según la dificultad de la tarea.
- Multimodalidad real, no como capa añadida sino como parte del entrenamiento base: texto, imagen, audio y vídeo en el mismo modelo.
- Menor coste por token pese a mayor capacidad, siguiendo la tendencia de los últimos 18 meses.
Ninguno de estos puntos está confirmado. Todos son plausibles porque son extrapolaciones de tendencias que ya vemos.
Lo que deberíamos esperar de verdad
Si GPT-4 a GPT-4o a o3 nos enseñó algo, es que los saltos ya no son tan limpios como GPT-2 → GPT-3 → GPT-4. La mejora es real pero incremental y desigual: enorme en razonamiento matemático, modesta en escritura creativa, casi nula en no alucinar sobre hechos oscuros.
Mi predicción sobria: GPT-5 será claramente mejor en tareas de razonamiento multi-paso y agénticas, competitivo o superior en contexto largo, y seguirá alucinando. No resolverá la fiabilidad factual, porque ese no es un problema que se resuelva escalando.
El riesgo del hype
Lo peligroso no es que GPT-5 decepcione. Es que las expectativas están tan infladas que cualquier modelo real, por bueno que sea, se sentirá como un fracaso frente a la fantasía. Ya pasó con GPT-4.5 en su momento.
Cuando llegue, la pregunta útil no será “¿es AGI?”. Será “¿qué tareas concretas de mi trabajo hace ahora que antes fallaba?”. Esa es la única métrica que importa cuando dejas de leer titulares y empiezas a usar la herramienta.
Mientras tanto, el mejor modelo es el que ya tienes desplegado y sabes evaluar.